Moras Ignacio - 34835955
Círculo mafioso que se genera entre barras, dirigentes y jugadores en el fútbol Argentino
I. INTRODUCCIÓN:
I.1. Tema:
El tema que elegí y voy a desarrollar en la siguiente monografía es “La violencia en el fútbol”. La elección se debe al gran interés que tengo por esta problemática, a la vigencia que tiene en estos tiempos y a las trágicas consecuencias que surgen de esta violencia injustificable.
I.2. Subtema:
Específicamente me voy a referir al círculo mafioso que se genera entre barras bravas, dirigentes y en algunos casos jugadores del fútbol argentino. La unión de estas partes genera el gran dominio de los violentos en las diferentes instituciones deportivas y las peleas internas en las barras por el dinero que manejan obtenido ilícitamente.
I.3. Hipótesis:
En virtud de esto formulo la siguiente hipótesis:
“Las barras bravas del fútbol argentino están subvencionadas por los clubes. Ya sea por medio de dirigentes o jugadores; y esto genera las peleas internas entre los violentos por dinero y poder.”
I.4. Objetivos:
El objetivo que me he propuesto es mostrar a la sociedad en general como es el “negocio” que realizan dirigentes y jugadores con los violentos que forman las distintas barras bravas de los clubes de fútbol. Informar a los argentinos de éste grave problema en el que está sumergido el deporte más apreciado por todos y analizarlo profundamente con testimonios muy valiosos.
I.5. Dificultades:
El problema o dificultad que surgió al realizar esta investigación es la difícil forma de ingresar al entorno y rescatar información confidencial. Existen muchos códigos entre los miembros del círculo que se respetan a ultranza. Es una temática que se ha agravado en los últimos años y esto hace que la información deba ser actualizada.
II. DESARROLLO:
II. 1. Diagnóstico e ideas:
Entre 1924 y 2007 se produjeron en Argentina 226 muertos en incidentes relacionados con el fútbol. Son, sin duda, muchos muertos. Pero en términos relativos, no: son muchos menos que los provocados por el hambre y la desnutrición infantil, por los abortos clandestinos, por las enfermedades endémicas, por los accidentes laborales debidos a la desprotección de los trabajadores argentinos; o, peor aún, por la violencia policial o por el genocidio de la dictadura. Lo que une a todas estas muertes es su gratuidad: todas aquellas pudieron ser evitadas. Frente a cada muerte en el fútbol (como frente a cada herido, de gravedad o no) sentimos la indignación de lo gratuito, de aquello que no debió haber sido, pero que al serlo nos recuerda nuestra permanente condición de sociedad azarosa, donde la vida y la muerte no dependen de los contratos democráticos o de la voluntad colectiva.
Y sin embargo, al mismo tiempo, azar y gratuidad tienen un límite, que es la explicación y la intervención. La explicación, para comprender causas y arriesgar pronósticos; la intervención, que es siempre política para evitar nuevos pliegues, y en ese camino nuevos daños y víctimas. La violencia futbolística no es ajena a esa doble posibilidad. Aunque se empeñe en hacerlo.
La imagen idílica del señor cuarentón que lleva de la mano a sus hijos, con una banderita minúscula, ataviados con gorritos y camisetas de marca, se ve amenazada por los otros: las bestias de rigor, los barras bravas, los delincuentes que irrumpen en el fútbol argentino, el mejor del mundo, qué duda cabe.
Las causas van más allá de unas cervezas y unos porros de más; apuntan a la incomprensión de los cambios radicales que ha sufrido la cultura futbolística, como toda nuestra cultura, a las anteojeras ideológicas que impiden ver más allá, a la ignorancia sobre los contextos económicos, políticos, sociales y culturales en que estos fenómenos se despliegan, a la ausencia de una teoría más general de la sociedad, la política y la cultura, que permita rodear de significación la violencia futbolística.
Diagnosticar excepción y recetar expulsión: si esa es la única fórmula a mano, estamos fritos.
Los últimos años no fueron productivos en políticas concretas para accionar en este tema, pero si comenzó una etapa fructífera de investigación.
II. 2. Definiciones y métodos:
Al hablar de las hinchadas argentinas, al intentar definirlas y entenderlas será preciso superar los esquematismos y las definiciones rápidas. Porque el término hinchada es muy complejo y encumbre muchos significados según quién lo pronuncie. Por ejemplo la definición propuesta por el ya fallecido José Barrita, “el Abuelo”, líder por años de la hinchada de Boca:
“Porque para mí la palabra justa para llamar esto es la hinchada, las hinchadas…No es las barras bravas, las barras bravas es un mote que le hacen los malos periodistas, porque ceban a las mentes, las llevan hacia otro lado. Las hinchadas del fútbol argentino, es la pasión, es la entrega, el amor a la camiseta”. Como dijo Discépolo, “un club sin hinchada es un club sin alma”.
Aquí aparece el primer problema: el término barra brava aunque aceptado comúnmente, no es un término nativo. Esos grupos se denominan así mismo la hinchada.
En testimonios de otros “personajes” aparecen definiciones que son compartidas por todos los hinchas. Una barra brava, vista de la óptica de los propios hinchas militantes o activos, se define por una relación económica o política o ambas a la vez, que mantiene orgánicamente con el club o con parte de sus dirigentes, lo que los lleva a ocupar alternativamente posiciones oficialistas u opositoras: aunque finalmente, toda barra es oficialista, porque las dirigencias del club terminan pactando, más temprano que tarde, y esto solo, si el pacto no existe de antemano y la barra ya ha funcionado como fuerza de choque en las elecciones. Eso implica que en la visión del resto de los hinchas a estos actores “el club no les interesa nada”, sino que su interés “está en su propia historia”, es decir, los intereses personales. Desaparece en esta definición el contrato emocional con el club y “los colores”, para hacer reemplazado por un contrato económico.
Si recordamos las afirmaciones del Abuelo, esta definición aparece rechazada por las propias barras bravas: “la palabra justa para llamar a esto es la hinchada”. El rechazo es perfectamente comprensible. En la cultura futbolística, la irrupción de los componentes económicos es disruptiva, porque es una cultura basada en mitos románticos; el amor por la camiseta, por los colores, por el club, por el equipo, un amor sólo igual al materno o al filial: “solo mi vieja es más importante que el club…y no sé”. Si esa explicación amorosa y pasional aparece superpuesta a una explicación económica (ser hincha como trabajo, como beneficio, como maximización de las ganancias) toda posible legitimidad de la barra desaparece.
En todo club hay un núcleo duro, militante, que organiza centralmente tanto las actividades dentro del estadio como fuera: la organización de los espacios (para sí mismos, para el resto de los espectadores, los lugares de los trapos) los viajes, la confección de banderas, la creación de cánticos. Y también la participación política en la vida institucional del club, apoyando a uno u otro sector. Todo esto se organiza alrededor del núcleo afectivo: el amor por el equipo/el club/los colores/el barrio. Ésa es la hinchada, los pibes, la banda.
Pero ese núcleo central puede convivir con un centro aun más duro, que se afirma sobre la misma justificación (la de ser hinchas militantes y pasionales), sólo que ejercita un nivel mayor de violencia en sus enfrentamientos con los otros (hinchadas adversarias, policía, los mismos compañeros de tribuna en algunos casos disputa de liderazgo), manteniendo relaciones económicas con actores extra-hinchadas: este núcleo es el que llamaremos barra. El siguiente esquema intenta reproducir la distribución espacial en una tribuna popular:

![]()

BARRA
ESPECTADORES ESPECTADORES
HINCHAS
MILITANTES

En los clubes donde existe una barra (gran mayoría), ésta ocupa el centro espacial y simbólico: toda práctica en el estadio debe contar con su organización y autorización, inclusive mediante el pago de peajes para colocar banderas por ejemplo. Otro ejemplo de ello es la punga, el hurto pequeño: en todas las tribunas donde hay pungas, ellos cuentan con la autorización específica de la barra, generalmente con el pago de un canon, usualmente también compartido con la policía local. Cuando una barra o hinchada decide que la punga debe ser expulsada, ella no existe. Eso implica que, por ejemplo, la existencia o no de punga depende de las rotaciones en la conducción de la hinchada: algunos la toleran y lucran con ella; otros la expulsan y prohíben, alardeando el gesto: cuidamos a los nuestros.
Pero cuando hay una barra, ella siempre está rodeada por un segundo núcleo organizado puramente en torno de las relaciones afectivas. Es lo que llamamos hinchas militantes, término no aceptado por ello. Estos hinchas se organizan en grupos, usualmente identificados por banderas particulares que remiten a un barrio, aparte de él y que llevan un nombre de fantasía: “los stones” por ejemplo en la hinchada de Racing. Estos grupos rechazan las vinculaciones económicas, aunque jamás despreciarían un micro gratis.
Y finalmente en la periferia espacial y simbólica, está el resto de los espectadores que aunque se los piensa como señores pacíficos con sus hijos de la mano, o novias que acompañan a sus parejas, a veces actúan “tratando de hacer justicia”.
En lo clubes donde no existe un núcleo que establezca relaciones instrumentales-económicas con los actores institucionales, es decir una barra brava, todas las funciones desempeñadas por ese núcleo quedan a cargo de la hinchada y consecuentemente así es el nombre. El problema es que el nombre hinchada no puede ser disputado por los hinchas no barras en tanto haya una barra. A su vez, el peso del estigma, de la condena moral, lleva a que los núcleos de hinchas militantes sean más drásticos en sus clasificaciones: cuando hay barra, ésta se llama hinchada…y el resto se llama gente.
Volviendo al anterior esquema, la cosa quedaría así:

![]()

BARRA
(malos)
ESPECTADORES HINCHAS ESPECTADORES (gente) MILITANTES (gente)
(gente)

Sin embargo, las cosas siguen sin ser sencillas. Las relaciones entre los grupos extremadamente ambivalentes. En primer lugar los cánticos son unificadores: “Esta es la hinchada que te sigue a todas partes”. En segundo: tanto los espectadores, inocentes de todo, como los hinchas militantes, apenas un poquito más eufóricos, participan de relaciones de repudio y solidaridad.
II. 3. El territorio:
Los hinchas además se apropian de espacios. El primero, obviamente, es la cancha. El estadio es una zona liberada: la entrada es el último espacio del otro, de la norma y la represión. Los cacheos, los vejámenes de la policía, las incomodidades, terminan siendo vistos como ritos de pasaje que, una vez cumplidos, habilitan el ingreso al espacio que es propio, y que nadie puede invadir. Ni la hinchada contraria ni, por supuesto, la policía, que se refugia en el último escalón, cerca de la salida, por si es preciso huir.
Pero también hay espacios mayores: el barrio. El territorio que rodea a la cancha propia se piensa como un espacio propio: sus calles y sus paredes (un empleado del club River Plate nos decía “la dirigencia del club le compra la pintura a la barra para que pinte las paredes que rodean al estadio con frases apoyando la dirigencia”). Los miembros de la hinchada se enfrentan con los adversarios que invaden el territorio que ellos consideran que les pertenece. De la misma forma, consideran que la invasión del territorio adversario es una muestra de superioridad. Por esto, deciden invadir el territorio contrincante mediante una práctica que ellos denominan “caminar”. La invasión del territorio contrincante para los pibes debe ser una acción de tránsito por el barrio que pertenece a la otra hinchada. El barrio es invadido sólo si la banda camina a través de éste; por eso, “caminar” el barrio adversario es la única práctica considerada por los pibes como verdadera invasión al territorio ajeno. Las prácticas violentas se vinculan con los principios de territorialidad cuando los integrantes de la hinchada defienden “su” territorio de la invasión de los adversarios o se encuentran con una hinchada rival que defiende “su” territorio de la invasión de los pibes.
Las caminatas u los recorridos son formas de apropiación, y no sólo de las hinchadas; caminar un barrio, establecer recorridos cotidianos, significa hacerlo propio. Para las hinchadas de fútbol realizar estos recorridos en los territorios adversarios permite demostrar superioridad. La superioridad del invasor está dada en el hecho de que la propiedad del barrio se basa en el uso; de esta manera, si el “otro” ha usado el barrio, entonces se lo ha apropiado. Las hinchadas planifican la forma de llegar a los estadios contrarios de la manera que más le duele al adversario, profanando el territorio ajeno, “caminándole el barrio”. Esta acción de los hinchas es especialmente llevada a cabo cuando se enfrentan a los clásicos rivales, por ejemplo la barra de River caminó por el barrio de la Boca con banderas y bombos, para “provocar” a su hinchada rival. Pero la barra de Boca no se quedó atrás y en el último clásico disputado en el estadio de River, su barra brava llegó hasta las inmediaciones del estadio en el colectivo del club, donde los integrantes del plantel pasean por la ciudad cuando logran un título. Algo que llamó la atención de muchos. Los dirigentes como de costumbre, no dieron ninguna explicación al respecto. No cabe duda de que estaban involucrados en esa organización.
II. 4. Los fundadores: del fútbol, de la violencia y de la sociología del deporte.
Este dato es sabido: el fútbol nace en Inglaterra, a mediados del siglo XIX, como práctica de los alumnos de las public schools. Nada más alejado de nuestro modelo de escuela pública: se trata de los colegios privados para los hijos de la nobleza y la gran burguesía británicas. Los chicos, un tanto inquietos, son disciplinados –y así entrenados para la guerra y para ser clase dirigente- entre otros medios a través del deporte y el castigo corporal. Y los deportes se inventan codificando –es decir, imponiendo reglas aceptadas por todos los participantes- antiguos juegos populares, a fin de reducir su carga de violencia. Después de todo, los primeros antecedentes del fútbol hablaban de dos pueblos enfrentados tratando de introducir un balón en una meta contraria…pero ese balón era una cabeza humana. Entonces, y acompañando un proceso general de reducción de la violencia social, los deportes se inventan como una de las formas de canalizar esa violencia socialmente aceptada: por ejemplo para educar a los futuros líderes que aplicarían esa violencia “aceptada” sobre las poblaciones colonizadas por el imperio.
Lo cierto es que, con el paso del tiempo y el aumento del tiempo libre entre la clase obrera inglesa gracias a sus conquistas sindicales, la práctica de deportes se extiende popularmente, también con el apoyo de los gobiernos y las iglesias locales, que ven en él una herramienta para ampliar ese disciplinamiento a las clases peligrosas: quien practica deportes, sostienen, ni hace huelgas ni se emborracha. Cumpliéndose o no esta intención de control social, lo cierto es que el deporte y muy especialmente el fútbol, se extenderá velozmente entra las clases populares inglesas, surgiendo ya a finales del siglo XIX una Liga Profesional, dato que nos habla de una democratización de su práctica: las clases altas no practican deportes profesionalmente.
Pero a partir de 1960 aparecen estruendosos fenómenos de violencia entre los hinchas, que a comienzos de la década siguiente ya son masivos y se extienden por todos los estadios británicos. Han surgido los hooligans, etiqueta sencilla con la que se bautiza en esos años a las bandas de hinchas británicos –aunque especialmente ingleses- que se enfrentan en gigantescas bataholas con la policía y otros hinchas.
II. 5. La masacre y el cambio:
Lo cierto es que el gobierno de Margaret Thatcher había alcanzado a sancionar, en marzo de 1989, la Football Spectators Act, un prolijo listado de delitos y sanciones que intentaba, desde un enfoque represivo, combatir a los famosos hooligans. De pronto todo cambió.
El nombre “Desastre de Hillsborough” designa una avalancha en el estadio del Sheffield United, conocido como Hillsborough, el 15 de abril de 1989, que causó la muerte de 98 personas, la gran mayoría jóvenes, y heridas a otros 400 hinchas del Liverpool. El desastre, que la prensa y la policía adjudicaron inicialmente a la acción de los hooligans, se debió a los problemas estructurales del estadio y a la mala acción de la policía, cegada por su pánico a los hinchas violentos, lo que llevó a provocar la avalancha. Todas las víctimas murieron estrelladas contra una reja de hierro que nadie sabía cómo abrir, o pisoteadas por los que caían detrás. Inicialmente, la policía interrogaba a los sobrevivientes preguntando por la cantidad de alcohol que habían consumido.
Como buena sociedad avanzada, aún en su conservadurismo, los ingleses encargaron una investigación parlamentaria, que fue conducida por el Lord Justice Taylor. Taylor entregó su informe pocos meses después y está unánimemente aceptado como bisagra en el tratamiento de los problemas de violencia en el fútbol británico (porque sus conclusiones debieron ser adoptadas también por escoceses, galeses e irlandeses).
Las recomendaciones del informe pueden sintetizarse así:
· Mejorar las condiciones de los estadios. Una de las reformas fundamentales consistió en regular las bocas de salida: debían existir suficientes puertas como para que todos los espectadores pudieran abandonar los estadios en condiciones normales en ocho minutos. Asimismo, se produjo una regulación minuciosa fijando la cantidad de espectadores por superficie, tomando en cuenta además el ángulo de inclinación de las tribunas a los efectos de garantizar la visibilidad.
· Profundizar en las comodidades y recibimiento de los hinchas su salubridad, confort y seguridad.
· Sentar a todos los espectadores y que las sillas no se puedan arrancar.
· Prohibir la venta de tickets en los estadios y durante el día de partido. Esto llevó a la proliferación de la venta de abonos por temporada y a la venta telefónica o por Internet.
· Constituir un Consejo estable que trabaje e investigue estos temas y tenga contacto con los hinchas.
· Destacar con colores vivos todas las vías de salida de los estadios.
· Eliminar las vallas que asemejen a jaulas o cárceles. Esta recomendación derivó en la supresión de todos los alambrados perimetrales, en tanto se consideró más peligrosa la posibilidad de una avalancha mortal que la de una invasión al campo de juego –que a su vez pasó a ser rigurosamente penada-.
· Formar policías especializados en temas de violencia en las canchas, con canales de comunicación abiertos y una buena ubicación en los estadios.
· Generar un control computarizado a partir de la venta de entradas.
· Excluir de las inmediaciones del estadio a quienes no tengan entradas.
· Mejorar la instalación de cámaras de video en los estadios, aceptando las imágenes como prueba jurídica en caso de incidentes.
· Penar tanto a quienes atenten violentamente contra otros como a quienes canten o inciten a la violencia a través de cánticos xenófobos.
· Generar un esquema de identificación de hinchas, el Membership Écheme. Ésta fue la recomendación más resistida por los espectadores y la que finalmente no se aplicó. El esquema pretendía generar una especie de carnet de hincha, sin el cual fuera imposible adquirir entradas ni ingresar a los estadios. Lo que si se aplicó fue el derecho de admisión, ya que los clubes son sociedades anónimas y pueden disponer respecto del tránsito de los espectadores legalmente.
II. 5. a. Consecuencias:
Finalmente, como órgano regulador de todas estas modificaciones, el gobierno británico creó la Football Licensing Authority (FLA). Esta organización es la responsable de conceder o rechazar licencias para admitir espectadores a una tribuna para ver un partido, forma legal que explica, simplemente, la habilitación o no de un estadio.
Las consecuencias fueron, en términos estadísticos, fantásticas. Si bien cada tanto se produce algún tipo de incidente –por ejemplo, la invasión al campo de juego de espectadores-, desaparecieron las manifestaciones extremadamente violentas de los hooligans. Pero también es cierto que esto se produjo gracias a la acción combinada de un control capilar sobre cada asistente a los estadios (se sabe el nombre y apellido de los ocupantes de cada butaca) y de sistemas panópticos de control: las cámaras pueden afirmar si una persona saca un celular de su bolsillo por ejemplo. Por otro lado, las modificaciones generales implicaron grandes inversiones de dinero por parte de clubes, y un aumento espectacular en el precio de las entradas.
II.6. Las Barras bravas. Evolución en los años.
Desde “la barra de la bandera” a las virtuales asociaciones ilícitas sembradoras de violencia y terror, las barras bravas han recorrido un largo camino en el fútbol argentino, contribuyendo de manera primaria y decisiva al deterioro profundo del deporte más popular.
La violencia organizada:
en tiempos pretéritos, todo equipo tenía su barra de simpatizantes
incondicionales, aquellos que acompañaban al club a cualquier lado. Llevaban la
bandera (cualquier documento fotográfico demuestra que hasta entrada la década
de los ’60 el embanderamiento distaba de ser masivo) y sus voces de aliento.
Generalmente jóvenes y decididos, más de una vez fueron vistos por los
simpatizantes en general, como una protección o una garantía de seguridad.
Carecían de liderazgos permanentes, a partir de que tampoco los requerían para
alentar una vez por semana al equipo, y su organicidad era mínima. Así mismo los
dirigentes que, como ahora, los conocían fueron brindándoles apoyos: el vehículo
para viajar y entradas para aquellos que no eran socios o carecían de recursos.
Es ese el origen de un fenómeno de ida y vuelta: el aprovechamiento por parte de
dirigentes de esas organizaciones incipientes para fines distintos al simple
brindar aliento en los partidos, y la creciente organización vertical de las
barras, en la medida que las exigencias y las oportunidades de diversas
prebendas a partir de los servicios brindados, hicieron mas deseable la posición
de liderazgo. Entre esos fines distintos pueden mencionarse el uso de virtuales
guardias de cuerpo en la política interna de las instituciones y el apriete a
técnicos y jugadores rebeldes. Las prebendas, por otra parte, y con el correr
del tiempo fueron dejando de ser simplemente entradas para los partidos: el
manejo de pequeños negocios en la cancha (venta de alimentos, refrescos y
camisetas) hasta otros significativamente más grandes, como la canalización de
la reventa de entradas. A medida que se hizo mas redituable estar en la punta de
la pirámide de la barra, mas violencia alcanzó la lucha por el liderazgo,
moldeado a su vez por el prestigio en “los combates” con otras barras, gestando
la lógica de la violencia perpetua que hoy domina a nuestro fútbol.
II.7. ¿Qué es el “aguante” para un violento?
Es un capital simbólico. Sólo se considera hombre a aquel que lo tenga.
“Los hinchas se lo conceden a aquellos compañeros que demuestran su saber físico en una lucha corporal contra las hinchadas rivales”, dice el antropólogo José Garriga Zucal en “Hinchadas”, un imprescindible libro de investigaciones compiladas por el sociólogo Pablo Alabarces. ¿Cómo se llena ese formulario? Agarrándose a trompadas con el enemigo. El aguante está mucho más asociado a la capacidad para resistir el dolor que a la fidelidad por los colores. El que no se la banca no recibe entradas de favor, no tiene acceso a los beneficios de pertenecer. En gran parte de la sociedad, la combinación violencia-drogas-delito tiene connotación negativa. Pero, en su propia lógica, estos grupos le dan un valor positivo a ese cóctel. "Estar loco y de la cabeza a partir del consumo de alcohol y drogas los nutrirán de honor y prestigio entre sus pares", continúa Garriga Zucal.
Tener aguante, no temerle a nadie y estar "re loco" son los imprescindibles requisitos para ser incluido en la barra. ¿Por qué lo hacen?, podemos preguntarnos, cómodamente sentados en nuestro sillón. Ante la humillante exclusión social que sufren muchos jóvenes de la provincia de Buenos Aires (esa exclusión que vemos en los medios, pero no padecemos en persona), pertenecer a un grupo y tener una identidad no es un consuelo menor. Es la posibilidad de aferrarse a "algo" y ser alguien en la vida.
El aguante se ha privatizado gracias a los propios dirigentes de los clubes y a los referentes políticos que recurren permanentemente a sus servicios de protección y aprietes. El lema de los barras parece ser: "Si ellos roban, nosotros les robamos a ellos". ¿Hace falta meterle miedo al DT para que se vaya? Marche una amenaza por acá. ¿El intendente necesita gente para un acto? Vamos todos para allá. ¿Hay una forma de callar críticas contra el manejo fraudulento de los clubes? Sí, haciendo participar a los muchachos.
II.8. Barras bravas del fútbol argentino:
II.8.a.”Los borrachos del tablón”: Barra brava del club River Plate: Hasta hace 8 meses estuvo al frente de lo que se podría llamar mafia, el grupo comandado por Alan Schlenker y Adrián Rousseau, autodenominados “los patovicas”. Actualmente el dominio de la barra no está definido. Se los ha caratulado como los violentos más temidos por los demás, debido a sus hechos extremadamente violentos en lo que se los ha visto involucrados.
Los integrantes de esta barra son en su mayoría, pertenecientes a clases sociales medias y altas. Han hecho del club, su casa. Son socios, y algunos empleados de la institución. El empleado al cual entrevistamos, afirmaba verlos visto por los pasillos del estadio y en las oficinas del presidente en incontables ocasiones. Y con respecto a los comentarios de que integrantes de la barra trabajan para el club, nos decía lo siguiente: “Gonzalo Acro era el encargado del cuidado de las piletas del club y Luis Pereyra (acusado de matar a un hincha de Newell’s) es técnico de una de las divisiones inferiores y lleva a los jugadores de las divisiones inferiores a pararse en lo para avalanchas protegiéndolos en todo momento”
Se los puede ver diariamente utilizando el gimnasio, las piletas y los quinchos.
Según fuentes oficiales, el monto mensual que manejan estos violentos es de $70.000 mensuales. Lo obtienen de porcentajes de pases de jugadores, trabajos de seguridad en espectáculos que se desarrollan en el estadio del club, reventas de entradas cuando River Plate juega de visitante, “ayuditas” de los dirigentes para que puedan realizar viajes cuando su equipo participa en torneos en el exterior. También poseen gran parte de la concesión de los puestos de ventas del merchandising del club de lo que obtienen una remuneración muy importante.
II.8.b. “La 12”: Barra brava del club Boca Juniors.
Se formó como grupo de choque en el año 1972. Se caracteriza por ser unas de las más violentas de la argentina. A lo largo de su historia existieron muchos líderes, entre ellos José Barrita, alias “el abuelo” y Rafael Di Zeo. Es reconocida mundialmente por un enfrentamiento con los hooligans en el mundial de México 1986.
Las fuentes de financiación de "La 12" en particular son bastantes variadas, vinculándosela con la reventa de entradas, la venta de drogas y el dinero que aportan agrupaciones políticas que los utilizan como guardaespaldas de sus dirigentes y llegado el caso para intimidación de adversarios que molesten. A su vez manejan el estacionamiento en las calles adyacentes al estadio de Boca Juniors.
Desde mediados del corriente año el nuevo líder es Mauro Martín, un hincha de 30 años que tiene antecedentes por robo. Martín quedó detenido el 30 de septiembre de 2007 por enfrentamientos con la policía.
Diversas investigaciones estiman que La 12 estaría compuesta por unos 300 hombres.
Posee dos facciones internas:
· La nueva 12: grupo encabezado por algunos ex seguidores de Di Zeo, que aprovechando su encarcelamiento, tomaron el liderazgo de la barra a mediados de este año. Por el momento el nuevo líder es Mauro Martín, que aparenta ser más violento que Di Zeo. En el partido con Newell´s el 30 de septiembre de 2007 quedó detenido por incidentes con la Policía.
· La 12: Encabezada por Rafael Di Zeo (alias "Rafa"), que supo acumular un frondoso expediente policial. Se sabe que Di Zeo colaboró con varios partidos políticos argentinos[]. Acusado de múltiples delitos, entre ellos un ataque violento a simpatizantes de Chacarita Juniors (en un partido amistoso disputado en 1999 en la Bombonera), en marzo de 2007 Di Zeo se entregó a la justicia argentina, luego de estar prófugo durante semanas. Al estar detenidos sus principales referentes, esta facción perdió el liderazgo de "La 12" a mediados de 2007.
II.9. Peleas internas:
Las cosas cambiaron. Los enfrentamientos ya no son unos de un lado y con el rival del otro. Los últimos episodios de violencia en el fútbol así lo demuestran.
Dinero, poder y mantener una buena relación con los directivos son las principales causas por las que diferentes facciones de una misma barra brava pelean día a día, sin tener marcado límite alguno.
Basta si no repasar lo que sucedió en más de una ocasión en el seno de la hinchada de River, donde las disputa por su conducción aún no terminó y lamentablemente se quedó con la vida de un hincha y decenas de heridos. Estas llamativas batallas se pudieron observar también en hinchadas como la de Racing, Independiente, Estudiantes y Argentinos Juniors.
Un ejemplo, que se podría llamar insólito es el que involucra a los barras bravas del club Almirante Brown, de la primera B. Los dos grupos en los que se divide la hinchada viajan escoltados por la policía y se ubican en tribunas deferentes.
II.9.a. La trágica pelea en la barra brava de River Plate.
¿Quién iba a pensar que en una barra brava casi perfectamente organizada, se desataría ésta trágica pelea? Seguramente por ninguna cabeza pasó este pensamiento, pero lamentablemente surge en nuestro fútbol una nueva e insólita batalla entre barras que defienden los mismos colores.
Las dos facciones que pelean por el motín y el poder de esta asociación ilícita, son los comandados por los hermanos Schlenker, por un lado, y por el otro, los dirigidos por Adrián Rousseau.
Esta guerra ya tuvo tres batallas. La primera se desencadenó en los quinchos del club, previo al partido que River disputaría con Lanús, el 11 de febrero de este año, que terminó con un violento herido de bala. Llamativamente la persona herida fue atendida por médicos del club y no realizó ningún tipo de denuncia en la policía. El enfrentamiento comenzó con una pelea de manos entre Gonzalo Acro (mano derecha de Adrián) y William Schlenker que terminó con apuñaladas y tiros, a causa de una discusión sobre una repartida de dinero obtenido de la reventa de entradas en el Mundial Alemania 2006 y según el empleado de River que entrevistamos la batalla también fue a causa de un dinero que los barras tenían que repartir por el pase de Gonzalo Higuaín a Real Madrid. Para sorpresa de muchos, el boletín oficial que entregó el club a la prensa describía solo golpes de puño y señalaba que los partícipes de este hecho habían sido desalojados de la institución, cosa que no fue así, porque se los vio a los barras en la tribuna durante todo el encuentro futbolístico de esa tarde.
El segundo episodio fue el menos sangriento de los tres. Ocurrió en el playón que rodea al estadio Monumental y como pudieron observar los testigos del lugar y luego todo el público en general a través de las cámaras de televisión, hubo cruces de puño entre “la banda de Palermo” (aliada a Alan Schlenker) y la barra de Adrián Rousseau.
El grupo que sigue a Adrián intentaba robar unas banderas de la antigua barra “los patovicas” y poder dialogar con dirigentes del club, pero cuando los hermanos Schlenker y compañía observaron esto, los frenaron por sus propios medios. Ezequiel sostenía que el grupo de Adrián quería ingresar a las oficinas del presidente para llevarse su “sueldo” mensual.
El saldo fue de 5 heridos con lesiones leves.
El tercer y por ahora último enfrentamiento fue el más violento y trágico. Realmente no se si puede llamar enfrentamiento, porque lo que ocurrió fue una crueldad y una cobardía.
El lunes 6 de agosto de este año murió Gonzalo Acro de 29 años de edad tras recibir tres disparos. Hasta ese momento, cabecilla de la barra de Adrián Rousseau. El hecho sucedió en la calle Bauness al 5100, cuando cuatro personas, aún no identificadas por la justicia, bajaron de dos vehículos y le dispararon un tiro en la pierna a Acro. La persona que lo acompañaba era Osvaldo Gastón Matera que logró escapar pese a recibir un balazo en la espalda. Luego del disparo en la pierna, Gonzalo fue baleado a quemarropa.
Falleció al día siguiente en el Hospital Pirovano.
Este hecho delictivo sigue sin esclarecerse. Las miradas apuntan a los hermanos Schlenker y a “la banda de Palermo”.
II. 10. El viaje al Mundial de fútbol Alemania 2006.
En abril de 2006 comenzaba la cuenta regresiva para la máxima cita futbolística. Todos buscaban llegar a Alemania de la mejor manera: los jugadores en su preparación física y lo entrenadores con la táctica estudiada. Y también ellos, los barras bravas, que toman un viaje a un Mundial como un objeto de deseo personal y poder entre sus pares.
Cada club tenía una realidad diferente en cuanto a sus barras. De los conjuntos grandes, los Borrachos del Tablón, tal como se conoce popularmente a los violentos de River, son los que mayor movimiento realizaron para juntar dinero y financiar sus viajes. Y por ende fueron el grupo más numeroso. 42 integrantes de la barra brava viajaron a Alemania, dentro de ellos sus jefes hasta entonces, Adrián Rousseau y Alan Schlenker.
En el club Boca Juniors la situación fue muy diferente. La 12 no pudo viajar al Mundial a causa de los problemas judiciales en los que estaban involucrados sus líderes. Necesitaban una autorización especial por parte de la justicia que no fue otorgada. Igualmente se pudo ver en Alemania a integrantes de la segunda y tercera línea de la barra brava comandada por los hermanos Di Zeo entre otros.
Los métodos para obtener dinero y así abonar los altos costos que implica viajar a un acontecimiento tan importante fueron: la venta del merchandising de la barra, la reventa de entradas a partidos de fútbol y a recitales musicales (los violentos de River vendían entradas para espectáculos que se desarrollaban en el estadio Monumental). En River nos comentaron que los barras eran contratados para organizar la seguridad de los recitales en el estadio de River y que se pudo ver como le prohibían el ingreso a dos jugadores de Boca. También el apriete a los hinchas en la tribuna a modo de colecta. Además, se vincula estos viajes con la aparición de padrinos de la política nacional o la del club que aportan para costear los altos gastos de un viaje. Algo muy llamativo nos comentaba un empleado: “jugadores del plantel de primera pagaron viajes para que los barras puedan estar en el mundial, Luciano Figueroa pagó tres”.
En los partidos que Argentina disputó en el Mundial se vieron barras de: River Plate, Independiente, Boca Juniors, Argentinos Juniors, Chacarita Juniors y Nueva Chicago.
II. 11. Viñetas políticas:
Estas personas que en estos momentos son los personajes principales de nuestro fútbol también ocupan cargos en la política estatal e institucional y los vamos a nombrar en las siguientes viñetas.
· El “Gitano” Lancry y Luis Pereyra ex líderes de las barras bravas de Boca y River respectivamente, eran empleados del viejo Consejo Deliberante, nombrado por los radicales.
· La barra de Almirante Brown hacía la seguridad de los actos de Alberto Perri.
· La hinchada de Lanús le respondía al intendente Manuel Quindimil.
· La barra de Boca recibió dos mil pesos por exhibir una la bandera “Scioli en el deporte”.
· Ríos Seoane, el ex presidente de Deportivo Español afirmó: “a los barra bravas los usamos en las elecciones, les pagamos plata por mes, pero esto no lo blanqueamos”.
· La Guarda Imperial (barra brava de Racing Club) estuvo sostenida por los sucesivos presidentes Di Stéfano, Otero y Lalín.
· Los “Borrachos del Tablón” le prestaron servicios a los presidentes de la Nación: Carlos Menem y Fernando De la Rúa y al actual presidente del club: José María Aguilar.
II. 12. La Policía: su máximo rival.
Identificada por los barras como una hinchada más (y no como fuerza pública). El trabajo no está bien remunerado. Aparecen el resentimiento y el descontrol. Para un barra, robarle la gorra a un policía vale más que llevarse un trapo rival. No hay canción que cante una hinchada que no se nombre a las fuerzas de seguridad, más conocida como “yuta”. La barra brava que llega a un estadio custodiado por la policía es cargado por su hinchada contraria durante todo el partido, identificándolo como un “sin aguante”.
Y los conflictos no son sólo con la policía de Argentina. La barra de River tuvo batallas muy violentas con la policía brasilera y paraguaya.
Como afirmábamos en capítulos anteriores, la policía ingresa al sector del estadio donde se ubica “la hinchada” pero se coloca cerca de las salidas, nunca en el centro, donde para la barra. En muchos casos se ha visto como los violentos desalojan de la tribuna a la fuerza de seguridad. Peronal del club nos comentaba que hay un arreglo entre dirigencia, barra y policía que consta en dejar el libre paso de banderas que exceden las medidas reglamentarias, bombos que pueden provocar daños, todo tipo de pirotecnia y personas sin entradas.
III. CONCLUSIÓN
Como se pudo ver en la monografía que realicé, la violencia en el fútbol es una problemática gravísima que nos involucra a todos. Pero para entenderla hay que introducirse en el tema como lo hice durante toda la confección de esta investigación. Informarse de los negocios que forman parte los dirigentes, los barras y en muchos casos los jugadores que ante tanta presión la única solución que les queda es ceder. La información que nos llega de los medios es muy valiosa pero no es completa y se comprende claramente que no lo sea.
En la actualidad las peleas entre clubes rivales ya son pocas. Surgieron las batallas internas por esos millonarios motines que deben repartirse y por la ambición de poder que los lleva hasta matar. Algo que verdaderamente, no lo logro entender.
Es así como mi hipótesis queda confirmada. La dirigencia y en algunos casos futbolistas subvencionan a estos famosos barras que quitan la vida a personas inocentes que van a disfrutar de un espectáculo deportivo e insólitamente también la de ellos.
Finalmente, cierro mi trabajo con una frase del reconocido periodista deportivo Juan Pablo Varski escrita en el Diario La Nación el 19 de febrero de 2007:
“Es un milagro que no tengamos más tragedias por fecha. ¿Soluciones? Con educación, se atacan las causas de este drama. Llevará mucho tiempo, es una cuestión de largo plazo. Con justicia y gestión, se atacan los efectos. Aquí sí se demanda una urgente intervención del Estado y de la AFA. Nuevas leyes, reestructuración del fútbol y voluntad política para llevar adelante las reformas. Mientras tanto, usted aguante”.
IV. ANEXO:
· Integrantes de “La 12”:
(foto)
· Integrantes de “Los Borrachos del Tablón”:
(foto)
VIOLENCIA EN
EL FÚTBOL:
TERCERA ENTREGA - DIARIO CLARÍN – MARTES 16 DE MAYO DE
2000.
Barras: la oscura
mano de obra de muchos políticos
Es
una relación que se aceita cada vez más. Para los violentos, ser contratados por
políticos o sindicalistas es prácticamente una nueva y rentable profesión.
Si no
te dan una mano estos muchachos de las barras, es difícil que puedas ganar una
elección". El que habla —bajo estricto pedido de reserva de identidad— no es un
dirigente de fútbol: es un dirigente político. Y esa mano que menciona no
es ni la vieja y querida "gauchada" ni tampoco la que se arregla con
un chori y una Coca: es mano de obra violenta que los candidatos políticos contratan y
pagan en épocas de elecciones.
Sí,
los barra bravas modernos han convertido lo que alguna vez fue pasión por un
club en una verdadera profesión. Que no requiere títulos oficiales, que
tiene un alto grado de riesgo y que —en muchos casos— está bien remunerada.
Entonces, los que el sábado o domingo son barra bravas futboleros, en la semana
pasan a ser mercenarios que se venden al candidato que más pague. Poco
les importa, en verdad, las cuestiones ideológicas: los muchachos hasta aprenden
a cantar, aunque desentonada, la marchita del partido que los mande a llamar.
El
hombre que está frente a Clarín tiene treinta y pico años, mucha cara de
bueno y está dando sus primeros pasos en política. En 1999 fue precandidato a
intendente de un importante municipio del Gran Buenos Aires y da a entender que,
en la interna de su partido, aceptó la ayuda "interesada" de hinchas de un club
de Ascenso de la zona. Pero su rival fue más lejos aún: alquiló el servicio de
"Los Borrachos del Tablón", la barra de River. Este último, finalmente, ganó la
interna.
Dicen
que, por entonces, la pesada
banda de River copó el distrito a cambio de unos 25 mil dólares:
pintó paredes, pegó afiches, hizo flamear banderas y garantizó el orden en los
actos del precandidato. Y, por sus contactos en las villas, el grupo de acción
"arrimó" a las urnas miles de votos.
Según
algunos punteros barriales, el profesionalismo con el que actuaron "Los
Borrachos" asombró. Con una organización y una estrategia "militar" impecables,
recuerdan que por las noches llegaban a trabajar en un colectivo y que siempre
contaban con dos autos de apoyo. Una noche chocaron ambos sectores en una
pintada: hubo un herido de arma blanca y un militante resultó baleado.
El
hecho, según los entendidos, no es algo atípico: forma parte de las reglas de
juego de la política contemporánea. Pasa en las elecciones de clubes y en las
gremiales, municipales, provinciales o nacionales. Así no debe sorprender que,
pegaditos a un candidato con pinta de santo, aparezcan barra bravas o ex barra
bravas. El Gitano, un conocido "hincha" de Independiente, supo aparecer en las
publicidades de TV que el ex gobernador Eduardo Duhalde hizo para su campaña
presidencial.
¿Cómo
se hace el contacto con las barras? A través de punteros zonales o de dirigentes
políticos que están en los clubes: casi todos los equipos tienen algún dirigente
que fue, es o quiere ser político. El gremialista y ex diputado Roberto
Digón es vicepresidente de Boca. Al "metalúrgico" intendente de Tres de Febrero,
Hugo Curto, se lo vincula con Estudiantes (BA). Los últimos presidentes de
Racing —Juan De Stéfano, Osvaldo Otero y Daniel Lalín— ocuparon puestos en
distintos gobiernos.
"Los
dirigentes y los políticos se valen de las barras y las usan", afirma Miguel
Angel Pierri, abogado de algunos integrantes de La 12. Lo cierto es que la
angostísima calle que separaba la vereda del fútbol de la vereda política ya no
existe: cada vez hay más lazos entre los sonrientes candidatos, los clubes y los
violentos.
Por
eso ningún rumor sorprende. Se dice que barras de Chicago y de River trabajaron
juntos para el ex ministro Carlos Corach. Que un barra de Boca le cuidó la
oficina a un radical mientras éste ayudaba al entonces accidentado ex presidente
Raúl Alfonsín. Que Muchinga, un ex barra y ex bufetero de Chacarita, es ahora
custodio de Armando Capriotti, vicepresidente del club y concejal de San Martín.
Que, por exhibir la bandera "Scioli en el deporte", la barra de Boca recibió
2.000 pesos.
Lo
declarado por Julio Grondona a la Comisión de Deportes de la Cámara de Diputados
no suena ilógico: "¿Cuántos empleados hay en esta casa (por el Congreso) que
pertenecen a las barras bravas?", se preguntó hace unos días el titular de la
AFA. Tal vez se refería a barras de Defensores de Belgrano, Racing, Quilmes y
Argentinos, entre otros equipos, que figurarían como empleados de la biblioteca
o de la imprenta del Congreso, un edificio histórico al que sólo van los días
29...
· Gonzalo Acro. Hincha asesinado cobardemente. Formaba parte de la barra brava “Los Borrachos del Tablón”. Su muerte se relaciona directamente con la interna que existe en esa barra. El hecho sigue sin esclarecerse.

· Fragmento obtenido de una página Web que pertenece a la barra de River Plate www.losborrachosdeltablon.tk . Está escrito por un amigo de la barra brava, que no revela su identidad.
“rafa dejate de joder boludo, mostrale ese teloncito a los giles de tus hinchas así te la creen, TRIBUNERO y te sacan cartel boludo, así no quedas tan mal ante la gilada, como es ese teloncito rafa? "los trapos no se compran ni se hacen, se ganan" SOS un caradura cómico, nos haces reír barraturro jajajA.. escucha salame que vos SOS como ese "SILVIO SERRA" vos SOS "EL NUEVO VOCERO" de LOS ORTIVAS DE la ex nº 12 le sacaste el puesto a ese otro pancho, ahora estas vos como la mamita de la "PRENSA" de los giles ex nº 12, me venís con ese teloncito boludo sin código, tenes el trapo de "M. CORONADO" que lo robaste por una entregada salame robalo en la calle cagon, encima se lo sacaste del barrio y lo mostras como si lo hubieras ganado de combate y lo peor que es "un trapo de la gente común" así robas vos es la única forma que lo podes hacer, enfierrado o entregados cagÓn y ponÉs ese teloncito... tenes el trapo de "DI CARLO" ese trapo boludito, se lo sacaron a 20 guachitos de Boulogne en Mar del Plata y lo peor de todo es que decís que lo sacaste de la tribuna!! JAJAJA eso fue lo máximo de vos ya con esto te fuiste a la mierda que giles que son... si no sabÍas en esa época EN "la barra de RIVER" habían problemas internos y dirigenciales, ya te imaginarÁs los motivos bostero que toca de oído... ese DIA "la barra" no fue...”
V. BIBLIOGRAFÍA:
ü ALBACERES, PABLO: “Crónicas del aguante. Fútbol, violencia y política”. Editorial: Capital Intelectual. Año 2004 Capital Federal.
ü Diario La Nación, Orlando Andrada, “Volvió la tragedia”. Domingo 17 de abril de 2005. Suplemento: La Nación Deportiva.
ü Diario La Nación, Carlos Beer, “Los violentos preparan las valijas”. Sábado 29 de Abril de 2006. Suplemento: “Deportiva Mundial”.
ü Diario La Nación, Juan Pablo Varski, “De qué hablamos cuando hablamos de violencia en el fútbol”. Lunes 19 de febrero de 2007. Suplemento: La Nación Deportiva.
ü Diario Olé, Gustavo Grabia, “Los borrachos del terror”. Viernes 25 de agosto de 2006.
ü Diario Olé, Leonardo Farinella, “Guerra interna” Lunes 12 de febrero de 2007.
ü http://www.salvemosalfutbol.com/derechosenero.htm
** Un agradecimiento muy especial por el tiempo que me brindaron a Ezequiel Stabile, Alfonso De la Torre y Mónica Nizzardo (una de las responsables de la Asociación Civil “Salvemos al Fútbol” y partícipe de la organización Familiares de Víctimas del Fútbol Argentino) **